Acreditación Institucional

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Uno de los temas relacionados con la educación superior en Chile que más ha dado que hablar es nuestro sistema de acreditación de instituciones y programas. Sin duda, a raíz de lo acontecido en los últimos dos años, el gran desafío que tenemos por delante, y diría que casi de manera prioritaria, es cómo diseñar una institucionalidad que ayude a mejorar la calidad de la educación superior pública y privada, sin reducir la cobertura alcanzada en los últimos 30 años.

Hace 10 años se creó la Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado, hoy CNA Chile, y si bien en un comienzo el proceso era voluntario, todas las universidades asumieron que para validarse frente a los estudiantes, debían acreditarse y demostrar que tenían una enseñanza de calidad. No obstante, el sistema ha resultado ser bastante imperfecto considerando que establecer si una universidad reúne o no estándares de calidad, y determinar si es viable su proyecto educativo, es una tarea compleja.

Además, dependiendo de cómo se lleven adelante los pocesos, lamentablemente puede convertirse en un freno a la innovación de los modelos educativos. Si todas las instituciones se ven en la obligación de seguir el ejemplo de las universidades tradicionales que es a lo que muchos apuestan, será imposible implementar nuevas y mejores formas de hacer las cosas, lo cual es una ventaja que las buenas universidades privadas tienen por su flexibilidad y capacidad de gestión.

No cabe duda que la CNA subió sus exigencias para acreditar, con el afán de recuperar la credibilidad que perdió por supuestas irregularidades para obtener las acreditaciones. Su estrategia hoy en día apunta a aplicar mano mucho más dura. Esto ha hecho que algunas universidades hayan recibido un número de años de acreditación menor al que contaban anteriormente, lo que, sin duda, afecta su imagen. Pero es mucho más grave cuando a un plantel le quitan la certificación, ya que al no ser acreditado queda en una posición de riesgo financiero que no se justifica. Como el acceso al Crédito con Aval del Estado está vinculado con la acreditación, cuando no se la obtiene, se pierde la captación de un número importante de alumnos que necesitan el CAE para estudiar.

En el último tiempo, el 20% de las universidades que solicitó su acreditación la vio rechazada, entre ellas la U. Gabriela Mistral, que con más de 30 años de historia ha cumplido cabalmente con su misión de formar muchas generaciones de profesionales. No parece justo, entonces, que una institución vea en peligro su subsistencia, porque simplemente le negaron la acreditación.

Las razones para quitar la licencia o cerrar una universidad están establecidas en la ley. La CNA no fue creada para esto, no fue creada para decidir qué universidades debieran existir y cuáles no. Es por eso que es muy necesario repensar cuanto antes la institucionalidad de la acreditación, para que realmente ayude a mejorar la calidad de la educación superior y no se desvíe de su misión.

Federico Valdés Lafontaine

Rector UDD

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