Señor Director: Mientras iba en auto con mi hija de 10 años, se comentaron por la radio las repercusiones del lamentable asesinato de la inspectora de Calama perpetrado por un estudiante. Mi hija recibió la información con gran impacto, lo que naturalmente derivó en mantener con ella la misma conversación que ya habíamos tenido con sus hermanos mayores, esta vez adecuada a su edad y nivel de desarrollo.
Sería maravilloso que en todas las mesas de Chile se diera una conversación similar. Estamos ante una tremenda oportunidad de poner en relieve con nuestros jóvenes y niños el valor de la vida humana, lo irreparable de la pérdida, el respeto de las instituciones, lo valioso que es tratarnos bien, la soledad y sensación de incomprensión que sufren muchos jóvenes, los problemas de salud mental, la importancia de atender las necesidades de los demás, el ponerse en el lugar del otro, la empatía. Ciertamente todas las «mesas» son distintas. Algunas familias tendrán el privilegio de sentarse todos juntos a compartir una comida, otras participarán de una merienda frente al televisor, otras tomarán algo al paso en medio del ajetreo cotidiano. No importa: lo relevante es darse el tiempo para abordar este triste tema en familia, en la medida de las propias posibilidades.
María Cristina Silva M, académica Facultad de Comunicaciones UDD.