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Luis Cornejo, el «olvidado» del cine chileno

El Cineclub de la U. de Chile ofreció una retrospectiva del escritor y cineasta, quien fue parte del «Nuevo Cine Chileno» y terminó vendiendo libros en la Plaza de Armas.

Algunas biografías hablan de él como el «obrero del cine chileno». Pero la analogía, si bien pobre y poco imaginativa, da cuenta de un hecho incuestionable: Luis Cornejo fue efectivamente un maestro de la construcción que llegó a hacer cine y que también dejó una huella en la literatura local.

Cornejo realizó tres películas como director y otras cuantas como productor (entre ellas el clásico A Valparaíso, de Joris Ivens, y El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin). Fue novelista y cuentista, con ocho libros publicados entre 1955 y 1991 (destaca Barrio bravo, un clásico del realismo marginal), actor y por sobretodo, un artista que vivó y produjo su obra a espaldas de cualquier asomo de cultura oficial. Tanto así que para muchos es más conocido como el librero que vendía publicaciones en la Plaza de Armas hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 1992.

Pero antes que eso, Cornejo fue obrero. Un trabajador de humildes orígenes y de la que sus inquietudes artísticas lo llevaron a integrar compañías de teatro popular y luego a autoeditar su libro de cuentos Barrio bravo (1955). Fue bien criticado y posteriormente entró a estudiar cine en la UC. De ahí, sólo medió un paso para convertirse en jefe de producción del Centro de Cine Experimental de la Universidad de Chile, donde en esos años germinaba el llamado Nuevo Cine Chileno.

En esa labor dirigió su primer trabajo: el documental La Universidad de la Antártica (1959), a la que seguirían el corto El angelito (1966) y el largometraje El fin del juego (1970), títulos que fueron rescatados por el ciclo del Cineclub de la Universidad de Chile, que busca homenajear a este cineasta olvidado.

Cornejo se codeó con los grandes prohombres del cine local: Pedro Chaskel, Miguel Littin, Héctor Ríos. Pero a diferencia de ellos y de la gran mayoría de quienes se han dedicado al cine, sus orígenes proletarios le permitieron afinar una mirada sobre las clases populares exentas de clichés y donde la marginación es expuesta con fiereza pero sin paternalismo.

En Fin del juego, una cinta protagonizada por Calvin Lira, Raquel Parot, Héctor Noguera, Lucy Salgado y Bélgica Castro, Cornejo expone el descenso a la marginalidad de un vividor que se aprovecha del dinero de su esposa y que si bien retrata con dureza este viaje, critica el arribismo subyacente de las clases medias y altas del país.

La carrera cinematográfica de Luis Cornejo tuvo un abrupto final con el Golpe Militar. Trabajaba en Chilefilms, produciendo noticieros y documentales y preparando un filme sobre Luis Emilio Recabarren, cuando debió dejar todo. Con una difícil sobrevivencia, debió vender libros y hacer nuevas ediciones de sus trabajos literarios, los que vendía en la Plaza de Armas. Y hasta tuvo una aparición en un conocido spot de Mentholatum, en los años ochenta. Y pese a la coherencia para tratar los temas que le importaban, no fue mayormente reconocido en vida. Las películas de este ciclo buscan darle un tardío reconocimiento a una figura de culto que curiosamente, vivió y trabajo sobre el mundo popular.

FUENTE: LA TERCERA

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