En 2006, el Foro Económico Mundial (WEF) presentó su primer Informe de Riesgos Globales, anticipando, entre otras amenazas, una pandemia. El tiempo confirmó sus previsiones: el riesgo latente se hizo realidad.
¿Qué pasaría si pudiéramos prever los riesgos futuros? Desde hace dos décadas, el WEF recopila datos para ayudar a naciones y organizaciones a anticiparse y gestionar estas amenazas. El informe 2025 recoge las percepciones de más de 900 líderes globales de empresas, gobiernos, academia y sociedad civil. Su análisis abarca tres marcos temporales: el inmediato (2025), el corto y mediano plazo (2027) y el largo plazo (2035). Los riesgos se clasifican en cinco categorías: económicos, ambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos.
En su última versión, los riesgos más preocupantes son la desinformación, fenómenos climáticos extremos, conflictos armados, polarización social, ciber espionaje, contaminación, desigualdad, migraciones forzadas, tensiones geoeconómicas y la erosión de derechos humanos y libertades civiles. Estos desafíos están vinculados a tres grandes áreas: la relación con la naturaleza, la tecnología y la sociedad.
En Biobío, región de vocación industrial, forestal y pesquera, estos temas son cruciales. Es necesario avanzar hacia modelos de producción sostenibles y diversificar la matriz productiva para reducir la dependencia de materias primas. Iniciativas como el Plan de Acción Regional de Cambio Climático (PARCC) y sus variantes comunales, con objetivos y acciones concretas, son pasos clave.
El reto es fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad mediante innovación, energías renovables, infraestructura y políticas sostenibles. Aunque fenómenos como incendios incontrolables y lluvias torrenciales se proyectan como riesgos globales a diez años, sus efectos ya se sienten en diversas partes del mundo, impregnado el sentido de urgencia.
Lo social y tecnológico también está interconectado. Promover la inclusión y la equidad económica permite reducir tensiones sociales y avanzar hacia un desarrollo inclusivo. Reforzar instituciones y fomentar el diálogo genera confianza, mientras que combatir la desinformación con alfabetización digital y regulación adecuada es prioritario pues la desinformación no solo amenaza la democracia, sino también la cohesión social, polarizando comunidades e impactando la relación entre autoridades, industrias y ciudadanos.
Frente a estos desafíos, diseñar estrategias transparentes, monitorear expectativas y tomar decisiones basadas en datos permiten anticipar y manejar riesgos. En un contexto de poli crisis —riesgos globales que se contagian entre territorios—, la colaboración entre sectores público, privado y académico es esencial.
Preparar al Biobío como una región resiliente y capaz de enfrentar mejor las amenazas, requiere incorporar estos riesgos y datos en planes estratégicos. Este reporte da advertencias claras, como país y región hemos aprendido, prevenir siempre será mejor y más eficiente que lamentar. Imaginen volvemos al pasado y atendemos el riesgo de una pandemia global antes que ocurra ¿Qué haríamos distinto y mejor?