Historia de un oso: una obra de valor humano universal

Columna de Marcelo Ferrari, director de la carrera de Cine de la Universidad del Desarrollo.

Foto Historia de un oso2

Lo que se vivió el domingo en el Teatro Kodak fue un hito en la historia del cine chileno. Una producción nacional levantando un Oscar, en una categoría donde Pixar -el gigante de la animación digital- competía por el cetro, es algo que nos demuestra que nuestro cine ha ingresado a una etapa mayor, y que cuando hay amor, pasión, talento y perseverancia, todo es posible. Más aún cuando sus realizadores narran una historia dolorosa, que conocen muy de cerca, y que transforman en un mensaje universal.

En 2013, la película de Pablo Larraín, “No”, aunque superada por “Amour”, presentó el nombre de Chile en los Oscar por primera vez. Hace una década “En la cama”, de un joven Matías Bize, logró un Goya, la mayor distinción del cine iberoamericano. Y así podríamos seguir nombrando muchas películas de las nuevas generaciones, como “Volantín Cortao” (largo de egreso de Cine UDD) y muchos otros que han reunidos decenas de premios en los festivales más importantes del mundo.

Y eso es lo justamente lo que ha hecho el cine chileno en las últimas décadas. Un trabajo ya no tan silencioso que se ha desarrollado con el apoyo -muchas veces insuficiente- de los fondos audiovisuales y en las nacientes escuelas de cine, pero que su mayor mérito es el haber encontrado formas de contar historias locales entendidas en una dimensión universal.

El corto animado de Gabriel Osorio resulta emblemático de este fenómeno. Merecidamente el primer Oscar chileno fue para una historia cercana a los realizadores, surgida de sus corazones, hecha con gran pasión artística y una riqueza estética que hacen de una parte oscura de nuestro pasado reciente, el exilio, una obra de valor humano universal. El cine chileno se encuentra con su memoria, su realidad, y eso es algo que se valora dentro y fuera del país.

 

Compartir