Andrés Wood presenta “Violeta se fue a los cielos” en la UDD

Invitado por la Escuela de Cine, el director acudió acompañado del maestro del guión, Eliseo Altunaga, para hablar de su última película.

Así como “Violeta se fue a los cielos” ha llevado 60 mil personas en su primer fin de semana, Andrés Wood dictó una charla sobre su última película, en medio de una sala repleta de estudiantes de Cine UDD.

El prestigioso cineasta nacional llegó acompañado del guionista cubano Eliseo Altunaga, también responsable de Machuca (2004), y de las películas de Pablo Larraín, Tony Manero (2008) y Post Mortem (2010).

Luego de revisar el teaser y un “improvisado making off” –explicaría luego Wood-, la profesora de Cine UDD, Antonella Estévez, inició una reveladora conversación con el responsable y el guionista del nuevo éxito cinematográfico nacional.

Antonella: ¿Por qué toman la decisión de no hacer una película biográfica sino de abrir las puertas a las complejidad de la artista chilena más importante de nuestra historia?

Eliseo: Porque estábamos trabajando con un mito, una mujer y además chilena. La mirada en los realizadores latinoamericanos es peyorativa hacia la mujer. Entonces para mí era una perspectiva muy compleja. Por otro lado no podía ser un cine lineal, pero de alguna manera debía ser secuencial. Que la gente completara lo que no está, un híbrido narrativo donde el publico participa con su memoria emotiva e intelectual.

Wood: A mí no me interesa sólo ir a pensar al cine. Me interesa pensar pero empatizar con el personaje y en ese sentido, la fragmentación exige mucho al espectador.

A: Ese juego de mostrarla a través de momentos de su vida, es un riesgo. ¿Les han sorprendido los 12 mil espectadores que la película lleva por día?

W: Para ser honesto recién hace 3 semanas tuve la sensación de que podía ser un éxito de público. El mito existe como dice Eliseo, y está muy vivo. Eso yo no lo sabía. Siento que la gente sale conectada con la película. Me había pasado con Machuca: 2 días antes del estreno los exhibidores me dijeron “linda, pero cuándo harás una película que lleve público” (N de R: Machuca es una de las cintas más vistas en la historia del cine chileno). Los distribuidores eligen a su gusto. Ahora nos dijeron 17 copias y ganamos 4 más por insistencia. Es decir, a una película de Violeta Parra, con una producción importante a nivel chileno y con una campaña anterior al estreno, le dieron 17 copias. No hay apoyo y eso es grave. Son 4 personas que saben del negocio. Es un monopolio legítimo, porque ellos quieren ganar dinero. Pero creo que llegó el momento de alegar.

A: Escribir una película basada en el libro de Ángel Parra puede ser estupendo y complicado. Estupendo porque quien es su hijo puede entregar muchos detalles y complicado porque es difícil hacer una cinta con el apoyo de los parientes.

W: El guión se centró en el libro de Ángel, quien colaboró directamente. Fue un proceso largo que fue construyendo una confianza. Yo me sentí muy libre. En nuestras discusiones me sentí siempre con la última palabra y así fue. Ángel aportó mucho en los rasgos de su personalidad y eso engrandece algunas secuencias. Igual uno entiende que sería difícil si la película se tratara de la mamá de uno.

A: Interesante el contexto en que se estrenó. Su música está muy presente en el movimiento estudiantil.

W: Nada que decir, coincidencia o no, no lo sé. Lo que está pasando es muy importante, fuerte y genial que suceda. Pero independiente del momento político, la Violeta es muy moderna.

E: En el mundo musical hay una comunidad. Violeta, Silvio, Mercedes Soza son parte de ciertas miradas de los ’60, donde se establecieron códigos latinoamericanistas. Lo complejo era la capacidad de ella de violar esos limites latinoamericanos y proyectar otras cosas aún más lejos. Gracias a la vida fue cantada en el entierro de Olof Palme (N de R: primer ministro sueco asesinado en 1986, la canción fue interpretada por el músico sueco Jan Hammarlund, quien popularizó la música de la compositora en Escandinavia). En París alguien le enseñó canciones francesas del Siglo XVII y ella las absorbió y las tocó en su recital. Ella tenía una complejidad estructural tal que su vida no puede ser lineal, un melodrama o un romance. El tiempo, los espacios y la racionalidad se rompían en ella.

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